Muy superior, en el tratamiento, a la biografía de
Vargas Llosa escrita por J.J. Armas Marcelo, Vargas Llosa, el vicio de escribir, en la que de lejos se puede
notar que el biógrafo se deja eclipsar por el aura de su biografiado, y en
parte emparentado (los dos, por cierto, son periodistas culturales), en el
propósito de agotar todas las fuentes posibles, con el de Eligio García Márquez
(Las claves de Melquíades. Historia de
cien años de soledad), el libro de Xavi Ayén, Aquellos años del boom, cubre, desde la esfera periodística, esos
vacíos de información que existían sobre la historia del boom (apenas pergeñado
por José Donoso en su Historia personal
del boom, libro que le sirve de inspiración). Ayén logra organizar una ingente
cantidad de materiales dispersos, a los que suma una serie de testimonios de
primera mano de sus protagonistas, ofreciendo una visión de conjunto necesaria,
indispensable, para entender esa eclosión literaria que tuvo lugar en Barcelona
entre 1967 y 1976, llamada “el boom de la literatura latinoamericana”. La
visión del periodista ha apuntado por el lado de la anécdota y la revisión de
cartas (en la que ha sido pródigo para felicidad de los lectores), y no por el
lado del análisis textual de la obra de los integrantes del boom pues entendió
que esa no era su tarea (la cual, de sobra, ha sido cubierta, desde la crítica
literaria, por académicos como Luis Harss en Los nuestros o Emir Rodríguez Monegal en El boom de la novela latinoamericana).
Sobre el libro
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Carlos Barral |
El libro de Ayén es un libro nostálgico, de un
tiempo ya ido, de escritores –como Julio Cortázar y Gabriel García Márquez– que
ya no están. (La vez pasada le decía a un amigo cuán afortunada había sido
nuestra generación que esperaba en un lapso corto de tiempo la publicación de
una nueva novela de los monstruos de la literatura latinoamericana. “¿Qué
novela nueva ha publicado Vargas Llosa? ¿Y Fuentes? ¿Y Cortázar? ¿Cuál es la
última de Gabo o Sabato?”, era el retintín). También es un libro de las
incorrecciones de los editores, por decir lo menos, como las de López Llausàs
de Sudamericana –que reconoció la diferencia existente entre la liquidación de
las regalías y la cifras de ventas consignada en 1973 de las ediciones de
García Márquez– o las de Carlos Barral, quien, con todos los méritos que tenía
como descubridor de un escritor como Vargas Llosa, establecía, como él mismo
confiesa, “contratos leoninos” con los autores que contactaba. (Triquiñuelas y
ardides que servían para morder más del bolsillo de los escritores a su cargo).
Y también de agentes literarias como Carmen Ballcels que defendía como una
leona los intereses de “sus” escritores, colocando en las mejores condiciones económicas
las traducciones y reediciones de sus obras en el mercado editorial, obteniendo
con ello que estos puedan vivir con cierta holgura de la literatura que
producían.
Sobre el boom
“El contexto en que el boom se produce –dice Vargas
Llosa en el libro– es el de la mitificación de la Revolución cubana, el
endiosamiento del Che Guevara y el descubrimiento del tercer mundo. Por primera
vez, la izquierda europea se identifica con la suerte de los países pobres, ve
más allá de la clase trabajadora del mundo rico”.
El escritor español Juan Benet, entrevistado por Fernando Tola y Patricia
Grieve para el libro Los españoles y el
boom, expresa que es muy fácil establecer conexiones entre el boom de la
literatura latinoamericana y la revolución cubana. De hecho, rechaza tal
conexión (no el contexto), acusándola de falta de rigor.
Una obra como La ciudad y los perros,
pensamos, si bien es cierto no surge fuera de un contexto político y social que
la influye, tampoco menos cierto es que ella parte de una razón individual que
empuja su nacimiento, y que esta muchas veces emerge de una manera consistente
y profunda de la mente de su creador, prescindiendo del entorno o compromiso
social que la quiera atenazar. En ese sentido, declaraciones como las de Benet:
“De que el Ché Guevara se batiera al cobre en las sierras aquéllas [las cubanas
en la época de Batista], no resulta un escritor colombiano, que escribe en
Barcelona, que se exiló en México…” en
alusión a García Márquez, son atinadas en cuanto a que el proceso de creación,
en relación a los puntos de referencia: el boom y la revolución cubana, va por
cuerdas separadas respecto al tema de la escritura, por ejemplo, de una novela
como Cien años de soledad y lo
acontecido en la isla, pero estas convergen perfectamente para la propagación
del fenómeno por América Latina.
¿Qué significó el boom para los españoles afincados
en la península ibérica? Significó una intromisión en su territorio literario
pues, antes de eso, veían, en palabras de Barral, a los latinoamericanos como
monos colgados de un cocotero. La aparición primera de un Vargas Llosa y,
luego, de un García Márquez significó una revolución lingüística del castellano
que fue apreciada por el lector en español que vio en las obras de estos –y en
las que siguieron– una superación de la árida novelística española. Esa
incursión de escritores como los anteriores –Cortázar, Sabato o Cabrera
Infante– fue vista como una conquista a través de las palabras de un mundo que
en otro tiempo se había valido de la espada para imponer su lengua y sus
costumbres en América. Ahora esa lengua –rechazada, en primera instancia, por
Atahualpa– les era devuelta enriquecida, con un uso magistral que convertía a
sus otrora maestros en desconcertados discípulos. El español García Hortelano
lo dijo: “En broma, yo digo que es la contrainvasión, la contraconquista, y así
como hace unos siglos os conquistamos y os fastidiamos, ahora vosotros nos
reconquistáis y nos refastidiáis”.
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García Máquez y Carmen Ballcells
Foto: El Universal (20 de nov. 2011) |
¿Fue el boom una operación comercial maquinada por
los editores para obtener pingües ganancias con las novelas de los escritores
latinoamericanos? Ayén lo ve así: “En el proceso de elaboración de este libro
he encontrado a gente convencida de que el boom fue una operación de marketing,
una gigantesca manipulación urdida para vender libro. Es un argumento
arriesgado. El boom existió porque no hay estrategia de mercado capaz de
sostener semejante explosión de ventas en todo el mundo, de autores, además,
diversos y con un público internacional no conocido hasta entonces. Por eso
nadie habla del boom de los autores eslavos o del boom de la narrativa francesa
de la misma época. El de los latinoamericanos fue un estallido imprevisto que
alteró la geopolítica de las letras mundiales. En última instancia son los
lectores quienes crean el boom”.
Carmen Balcells, la agente literaria de Vargas Llosa y García Márquez, en una
entrevista admitió sincera: “Aquello [el boom] era un lobby, que tiene que ver
con el poder literario. Con vender, ¿comprende? Vender.”
Punto final
El libro de Ayén es un ejemplar trabajo de
investigación periodística y, al mismo tiempo, un compendio de confidencias y
revelaciones –como las de García Márquez y Vargas Llosa en torno al incidente
de 1976–, que tiene puntos de conexión con el libro de los profesores Ángel
Esteban y Ana Gallego, De Gabo a Mario,
pero superándolo. De reconstrucción de una época y de sus mujeres –como Beatriz
de Moura–. Una biografía de conjunto sólida que penetra en la intimidad de los
miembros del boom, a los que desacraliza y vuelve más humanos, más cercanos a
nosotros los individuos de a pie. Un libro admirable que, por su empeño y
perseverancia, todo periodista cultural debería leer.
Freddy
Molina Casusol
Lima,
7 de abril del 2015