 |
Escena de "El cartero llama dos veces"
con Jack Nicholson y Jessica Lange
(1981) |
UNA OBRA maestra. Por ello,
Borges y Bioy Casares la incluyeron en la colección “El Séptimo Círculo”. La
trama es sencilla: un hombre de caminos conoce a la mujer de otro. Se seducen,
tienen un “affaire” y para librarse de él, que era un estorbo para estar
juntos, planean su asesinato.
La
lectura de El Cartero llama
dos veces de James M. Cain
recuerda el minimalismo de Carver; la economía de palabras, también. El manejo
de la elipsis y los diálogos cortos denotan un esfuerzo de precisión. La
versión cinematográfica –con Jack Nicholson y Jessica Lange– llena lo que la
ficción ha omitido –los escarceos amorosos de Chambers y Cora–. La única escena
incongruente es aquella en la que Chambers, quien, según el narrador estaba
jugando bien, pierde con un novato una partida de billar. No se comprende. En
un momento la historia puede intentar predecirse: Cora usa a Chambers para
deshacerse del griego grasiento que es su marido. Pero no es así. Después del
accidente provocado con el fin de eliminarlo –unas copas de vino hábilmente
suministradas para el efecto, un golpe letal en el cráneo con una llave
inglesa, oportunos testigos al paso que los ven borrachos y un carro
desbarrancado, son parte del plan–, ocurren una serie de hechos inesperados.
Primero,
el fiscal encargado del caso, Sackett, somete a un severo interrogatorio a
Chambers y lo acorrala. Ya no era entonces el crimen perfecto. Segundo, aparece
de pronto Katz, un hábil abogado que se ofrece a ayudarlo a él y a Cora.
Tercero, Katz, increíblemente, hace que su representada, Cora, sea condenada
por el homicidio de su esposo. Cuarto, Katz – en una hábil maniobra en la que
enfrenta los intereses de tres compañías de seguros– consigue absolverla de
todos los cargos. Y Quinto, los dos salen en libertad.
Allí todo
debía acabar. Con ellos libres. Pero Cain prosigue el relato y lleva,
magistralmente, al lector a un segundo gran final donde el griego asesinado es
redimido por el destino.
En esta
segunda parte, muere Cora en un accidente bastante similar al de la primera
vez: el carro se empotra en un árbol, ella sale proyectada por el parabrisas y
él pierde el conocimiento.
Chambers
es acusado del asesinato de su esposa (un día antes se habían casado). Lo
acusan de querer apropiarse de las propiedades de esta. Él es esta vez
inocente, pero nadie le cree. Una prueba lo incrimina: una nota cariñosa de
Cora haciendo alusión a la muerte del griego. Esta vez Katz no puede hacer nada
por él. Sackett consigue su condena. Pocos momentos antes de que esta se
ejecute pide al lector –quien sigue el recorrido de su narración– que eleve una
oración por él y su desaparecida amante.
El cartero llama dos
veces es una pieza literaria excepcional de batalla psicológica y
tensión mental de sus protagonistas (las parejas Sackett/Katz y Chambers/Cora,
respectivamente). Una que a uno lo deja en vilo hasta el final.
Freddy Molina
Casusol
Lima, 4 de julio del 2015