jueves, 7 de octubre de 2010

LOS 14 MINUTOS DE MARIO VARGAS LLOSA, Nobel de Literatura

EL TELÉFONO SONÓ en horas de la madrugada. El timbrazo lo despertó mientras estaba trabajando. Cuando contestó pensó que era una broma. Le dijeron que dentro de 14 minutos se conectara a Internet o al televisor, que la Academia Sueca le había otorgado el Premio Nobel de Literatura de este año. Él, en ese instante, pensó en sus hijos, Alvaro, Gonzalo y Morgana, dispersos en diferentes partes del mundo y pensó en llamarlos. Pero su esposa Patricia lo detuvo, que era mejor que esperara y recordó en ese instante que hacía algunos años a un escritor europeo, Alberto Moravia, le habían jugado una broma pesada de ese tipo. Recordaría en esos minutos lo que en alguna oportunidad le había confesado a un periodista: que había conocido escritores que habían organizado sus vidas en función de obtener el premio Nobel y habían empobrecido su literatura, así que decidió esperar con calma. La primera vez que había sonado su nombre como serio aspirante al Nobel de Literatura fue en 1981 cuando publicó La Guerra del Fin del Mundo, pero no sucedió nada. Al año siguiente tuvo que ver a Gabriel García Márquez, a quien años atrás le había tirado un puñete, obtenerlo por Cien Años de Soledad. Pasaban los años y su nombre figuraba en la lista de eternos candidatos. Vio obtenerlo al alemán Gunter Grass, con quien tuvo una fuerte polémica en un Congreso de Escritores por el calificativo de “cortesana” que le endilgó a García Márquez, a Darío Fo, Octavio Paz, entre otros, pero el premio no llegaba para él. Kenzaburo Oe, otro premio Nobel, dijo en alguna oportunidad que Vargas Llosa lo merecía. Pasaban los minutos y cuando llegó el minuto 14, lo supo a través de las agencias de prensa que rebotaron la noticia por todo el mundo, que “el escritor peruano Mario Vargas Llosa había obtenido el premio Nobel”. Por su mente, quizás, pasaron el Zavalita de Conversación en la Catedral, el Poeta y el Esclavo de la Ciudad y los perros, la Mechita de Lituma en los Andes, Fushia de La Casa Verde, personajes que poblaron y dieron vida a sus novelas. Vargas Llosa, horas después, declararía a un periodista peruano que se encontraba muy conmovido y que su casa era un loquerío. No era para menos. Vargas Llosa debió esperar muchos años para obtener tan ansiado galardón y 14 largos minutos que quedarán como registro inolvidable en su prodigiosa memoria.

Freddy Molina Casusol
Lima, 7 de octubre de 2010

Crédito de la foto: http://www.elreferente.es/cultura/vargas-llosa-el-nobel-reconoce-al-idioma-espanol-10283

viernes, 17 de septiembre de 2010

LOS QUIPUS DEL TAHUANTINSUYO

EN EL ANTIGUO IMPERIO DE LOS INCAS, para contabilizar los carneros, corderos y la cantidad de maíz que tenían almacenados, los hombres y mujeres hacían uso de un instrumento de cálculo un poco extraño compuesto de unas pedrezuelas, frijoles o granos de maíz. Los españoles que llegaron al Perú en el siglo XVI, quedaban asombrados cómo los indígenas peruanos hacían sus sumas, restas, divisiones y multiplicaciones con este instrumento. Era, pues, indudable que esos guijarros, frijoles o granos, escondían un secreto, un secreto que esas manos de los indios peruanos, con inusual habilidad, ponían en uso para hacer un mejor reparto de los bienes en el Antiguo Piru. Este conocimiento, que se creía irremediablemente perdido, ha sido redescubierto por un estudioso peruano, quien sumergiéndose en el análisis de las crónicas y los quipus que sobrevivieron a su destrucción tras la llegada de los españoles al Perú, ha rescatado. Andrés Chirinos Rivera, un antropólogo de profesión, a través de su trabajo en las comunidades amazónicas, ha venido aplicando utilizando con singular éxito la yupana, el instrumento de cálculo de los antiguos peruanos. Él, en una investigación minuciosa y ejemplar, Quipus del Tahuantinsuyo, ha develado, o dado a conocer, los valores de una fórmula que se acerca en mucho a la que se usó durante el Imperio de los Incas para el empleo de ésta. Según cuenta Chirinos en la introducción de su libro, para obtenerla tomó base el número cinco “ya que sospechaba que el papel del aymara (donde se nota más la importancia del cinco) debió ser primordial”. Chirinos nos enseña, de otro lado, que ese saber andino, visto con desdén por las miradas de corte occidental, contiene aún una sabiduría que pueden ser en estos tiempos modernos de mucha utilidad. La yupana, en un país, donde la carencia de lápices, libros de texto y cuadernos en lugares de difícil acceso, hace difícil la enseñanza de las matemáticas, compensa con creces esas ausencias. Dividido en dos grandes bloques, el primero versando sobre la historia de los quipus arqueológicos; y el segundo sobre el uso pedagógico de la yupana, Quipus del Tahuantinsuyo es un trabajo prolijo y revelador que merece ser difundido ampliamente para que los peruanos de ahora sientan orgullo por lo hecho por nuestros compatriotas del siglo XVI, cuando no se vislumbraba, ni por asomo, la presencia de la internet y mucho menos de la computadora para facilitarnos la existencia.

Freddy Molina Casusol
Lima, 17 de setiembre de 2010

viernes, 27 de agosto de 2010

EL PERIODISMO DE “EL FRANCOTIRADOR”

PRIMERO FUE CON EL HIJO de Salinas Sedo, Jaime Salinas Jr. Bayly, tratando de demostrar que lo que había afirmado respecto a Lourdes Flores era cierto –en cuanto a que ésta había tenido, por decirlo de alguna manera, una “relación impropia” con el general Salazar Monroe, al fingir defender los intereses de las hijas de éste en contra de aquel–, no tuvo el menor empacho de mostrar el contenido de un correo electrónico que le había dirigido Salinas Jr., en el que éste le expresaba su decepción por la actitud de la lideresa de Unidad Nacional, quien, al interior del comando de campaña, había confesado que en alguna oportunidad había asumido la asesoría legal de las cuñadas de Salazar, el general que había intentado matar a su padre, el general Salinas Sedo, durante el fallido intento de un grupo de militares por recuperar la democracia el año 92.

Bayly, posteriormente, tuvo que retroceder, pues no podía demostrar que Salinas Jr. había escrito ese correo, lo cual le hubiera acarreado serios problemas judiciales. Pero el daño ya estaba hecho.

Luego ha sido Beto Ortiz –con quien tiene una no muy reciente inquina, desde la época en que éste atacó la novela de su amiga/novia Silvia Nuñez del Arco, Lo que otros no ven (incidente que hay que señalar Bayly no provocó, sino el propio Ortiz)–, quien torpemente le cuestionó la adquisición de dos departamentos en una zona exclusiva de San Isidro, cuyo valor bordea el millón de dólares, dinero que, para Ortiz, hubiera sido mejor emplear para “solucionar la pobreza de varias provincias del Perú”.

La defensa de “El Francotirador” en este último punto fue impecable, pues nadie puede indicarle a uno lo que tiene que hacer con su dinero, como tampoco le corresponde a éste resolver los problemas de la pobreza en el país, pues esa es una labor del Estado. Además, Ortiz era el menos indicado para hacerle ese pedido: años atrás había invertido trescientos cincuenta mil dólares en la inauguración de una discoteca gay en Iquitos, suma que tranquilamente, siguiendo su misma lógica, hubiera servido para aliviar la pobreza de otras tantas provincias del Perú.

Pero en lo que está equivocado Bayly es en el haber utilizado el arma del chantaje mediático dirigida en contra de Ernesto Schütz-Freundt, administrador e hijo del dueño del canal, Ernesto Schütz Landazuri, con la exhibición pública de sus bienes –de él y de su padre– en Las Bahamas y Suiza respectivamente, para ocasionar la salida de Ortiz de Panamericana.

El mensaje fue más o menos el siguiente:

“Oye, Ernestito Schütz-Freundt, mi amigo –o ex amigo–, tú que has comido en mi casa lo que te ha servido mi mujer Sandrita, tú que te has comprado uno de los mejores hoteles en las Bahamas y que tienes como padre al prófugo de la justicia peruana, Ernesto Schütz Landazuri, quien a su vez se ha construido un hotel con vista al lago en la zona italiana de Suiza, si no callas a Ortiz, porque habla mal de mí en tu canal, voy a mostrar en “El Francotirador” todos tus bienes y demostrar que no eres tan insolvente como pretendes presentarte para eludir el pago de varios millones de dólares que tiene como deuda Panamericana a la Sunat. ¿Cómo hacemos? ¿Lo callas o continuo?”.

Obviamente, Ernesto Schütz no lo pensó dos veces y, desde las Bahamas, llamó a Federico Anchorena, su representante en Lima, para decirle que Ortiz no va más, cediendo al chantaje de Bayly y así no ver afectados sus intereses empresariales (que de nada le ha servido, pues el gobierno peruano ha autorizado a la Fiscalía suiza que investigue a Schütz Landazuri por recibir dinero de Montesinos).

Esto es, pues, a nuestro juicio, un atentado contra la libertad de expresión, cometido por un periodista contra otro periodista. En EE.UU, país del cual Jaime Bayly es también ciudadano, Ortiz hubiera sido protegido por la Primera Enmienda. ¿Qué dice, básicamente, la Primera Enmienda? Dice que no se puede coartar la libertad de expresión. ¿En qué caso emblemático fue invocada? En el caso Hustler Magazine versus Falwall, cuando éste último –un pastor religioso– acusó al dueño de la revista Hustler de haberle provocado daño emocional al haber publicado en dicho medio una caricatura donde se le presentaba en relaciones incestuosas con su madre. El Tribunal Supremo de los EE.UU. dictaminó que la prensa tenía el derecho de burlarse de los personajes públicos, aun cuando estas burlas fueran ultrajantes y causaran “angustia emocional”. Es decir, se superpuso el derecho a la libertad de expresión al daño psicológico que se podría infligir a una persona pública debido a una información maliciosa. Porque como decía la sentencia, reproducida en la película The People vs Larry Flint (1996): “El alma de la Primera Enmienda recoge el libre flujo de ideas. La libertad de poder expresarse es un aspecto de la libertad. Es esencial para buscar la verdad y la vitalidad de la sociedad. Muchos asuntos no admirables están protegidos por ella”. Pero como estamos en el Perú, el asunto Ortiz ha sido resuelto entre señoritos de narices respingadas que, llamándose entre sí, han puesto orden en sus feudos. Un claro ejemplo de cómo se manejan todavía ciertos problemas en el país.

En conclusión, el periodismo que hace Jaime Bayly es un tipo de periodismo que podría llamarse, sin exagerar un ápice, de “infidencia”. Un tipo de periodismo que de haberse ejercido en el caso Watergate hubiera entregado a la opinión pública los nombres y apellidos de “Garganta Profunda” si lo estimaba conveniente, violando así uno de los preceptos del periodismo: el de mantener en reserva la identidad de la fuente.

Por último, a Jaime Bayly, “El Francotirador”, le calza ya muy bien lo que dijo en alguna oportunidad Mario Vargas Llosa sobre él: que es un “payaso”.

Freddy Molina Casusol
Lima, 27 de agosto de 2010

Crédito de la imagen: Carátula del Suplemento "Domingo" de La República. Lima, 4 de julio de 2010

domingo, 22 de agosto de 2010

EL PARAÍSO DE MORGANA













TODAS LAS FOTOS SON BUENAS. Nuestra preferida es la de la página 25, donde se ve al escritor sentado tomando notas al pie de la tumba del pintor. Se llama “A solas con Gauguin”. El texto de Mauricio Bonnett acompaña perfectamente las imágenes que nos llevan a Tahití, lugar donde se inicia el recorrido para reconstruir el itinerario vital del pintor Paul Gauguin. Vargas Llosa, con seguridad, ha aprobado lo escrito allí, pues recoge con pulcritud lo vivido en el viaje.
Las fotos de Morgana, la de los berrinches en la cuna, como la presenta el escritor en El diario de Irak –otro de sus libros que dejó ilustrar por ella–, tienen, pues, la prudencia de no interrumpir la labor del novelista, sobre todo cuando, abstraído éste en sus pensamientos, se sumergía en sus apuntes para la nueva novela que estaba escribiendo, El paraíso en la otra esquina. (“Tengo una conexión muy fuerte con ese libro”, confesaría la fotógrafa después a un periodista).
Morgana con sus fotos nos empuja a pensar que las teorías de León Pinelo sobre el paraíso en la tierra, tal vez no fueron tan absurdas como creyeron algunos, y que quizás tuvieron su materialización, gracias a la certeza de sus encuadres, en la selva virgen de Hiva Oa, allá en las islas Marquesas (ver foto de la página 37, llamada, precisamente, “El Paraíso”).
En Las fotos del Paraíso, la hija menor de Vargas Llosa ha aprovechado la relación consanguínea con su afamado padre, para afianzar una mirada personal sobre el quehacer fotográfico. Un libro que un lector que sigue la obra del escritor disfrutará porque retrata una de las fases del proceso de creación novelístico, la relacionada a la recopilación de materiales y recuerdos para dar vida a los escenarios y personajes que moldean una ficción.
Por ello debemos sentirnos agradecidos, porque el libro de Morgana Vargas Llosa nos hace partícipes de éste. Algo que ni Faulkner ni Flaubert, los héroes del escritor, pudieron tener en vida.



Crédito de las fotos: Morgana Vargas Llosa

sábado, 7 de agosto de 2010

EL PEZ EN EL AGUA, DIECISIETE AÑOS DESPUÉS


I


El escritor y la política

CUANDO TERMINÓ DE ESCRIBIRLO, sintió un espasmo de satisfacción y placer. Había pasado un año en Berlín dándole forma y expulsando la mala sensación de las elecciones que lo tuvieron como candidato. Al fin pudo decir lo que sentía en esas páginas, sin pedir permiso a asesores de prensa y a toda la ralea política que se alimentó durante meses de su imagen para llegar al parlamento. ¿Qué nombre le pondría? Se le ocurrieron varios, pero al final se quedó con uno: El pez en el agua. Parecía el más adecuado para reflejar la experiencia vivida hacía poco. ¿Acaso no había estado buceando en las aguas de la política en estos años? Luego de incrustar como epígrafe la cita de Max Weber, expresó: “Ya está”. “Hará las veces de tambor de guerra”, pensó. Antes de enviarlo a su editor, lo dedicó a cuatro amigos (Freddy Cooper, Miguel Cruchaga, Luis Miró Quesada y Fernando de Szyszlo). Todos ellos testigos, en tertulias y desvelos, de los buenos y malos momentos que pasaría en el Perú, cuando en 1987, y en contra de la opinión de su mujer, se lanzó al ruedo político para enfrentar a Alan García y sus intentos por estatizar la Banca. Aquella vez, recordó, en medio de los reflectores que lo alumbraban en el mitin de la plaza San Martín, su primera decepción en estos avatares. Uno de sus seguidores, Hernando de Soto, economista con nombre de conquistador –de quien, luego, se burlaría en su libro por su coqueto “de”–, estaba desertando. La víspera del mitin, De Soto se había entrevistado con García y, luego, fotografiado con él. Rememoró entonces lo que sus amigos le habían dicho: que éste no era un hombre en quien se podía confiar. Lejano había quedado el recuerdo del correcto organizador del Simposio sobre Desarrollo y Dependencia que, allá por 1981, había congregado a lo más graneado del pensamiento liberal. El historiador inglés Hugh Thomas, el economista Milton Friedman y De Soto estuvieron allí, para introducir las ideas de la libertad en la población. En su lugar ahora veía a un hombre ambiguo, dudoso. Se sentía defraudado. “¿Así era la política, entonces?”, meditó recordando a Zavalita, su alter ego en Conversación en la Catedral. Sí, así era Zavalita, ¿recién te das cuenta?


II

El Perú al pie del volcán

Sentado en el sofá de su sala bostoniana, Vargas Llosa se había pasado varias horas respondiendo a César Hildebrandt. Nadie, a excepción de él, su esposa y un grupo de amigos, sabía que estaba cobrándose cuentas con esos políticos y sus formas de hacer política, que hacían del Perú un país subdesarrollado, muy distante de los países que admiraba y le había tocado vivir: Francia, Inglaterra, Alemania, Suiza y Estados Unidos. En el Perú, nadie imaginó las dimensiones de la revancha escrita a la que había llegado el novelista con su nuevo libro. Apenas se sabía, por retazos de información que llegaban, que era un libro de memorias; las memorias de un hombre, al decir del propio escritor, que estaba en la cincuentena. “No creo que vaya a ser un libro que todos los peruanos aprueben”, le dijo a Hildebrandt casi al final de la primera parte de la entrevista
[1]. Y, en efecto, así ocurrió. El pez en el agua, desde que circuló, generó una oleada de opiniones, dividiéndose los lectores entre los que estaban de acuerdo con lo expresado en sus páginas y los que creían que se trataba de un texto salpicado de resentimiento y odio en contra del Perú. El país todavía vivía la algarabía de la captura de Abimael Guzmán, jefe de Partido Comunista Peruano Sendero Luminoso y responsable intelectual de las miles de muertes acontecidas durante la década anterior. La opinión pública había recuperado la confianza en el Gobierno, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Entonces, ¿a qué venía Vargas Llosa, desde su comodidad bostoniana, a aguar la fiesta a todos los peruanos con su libro? Cuando salió a la venta El pez en el agua, con la foto del novelista en la tapa alzando los brazos llenos de pica-pica, no faltaron los políticos que se apresuraron en pagar los 55 soles que costaban las 541 páginas de la primera edición. Querían saber, movidos por la curiosidad, cómo Vargas Llosa los había retratado. Dos años antes ya habían tenido una idea aproximada de lo que podía decir éste, a través del hijo. Alvaro Vargas Llosa, el hijo mayor del escritor, se había adelantado y publicado una extensa crónica sobre la campaña del 90, El diablo en campaña. Ya estaban, pues, alertados de lo que podía decir el padre. Menuda sorpresa tendrían. Las intimidades de Belaunde, los retrasos del “Tucán” Bedoya, las maquinaciones del tinglado electoral propio y ajeno, los malos entendidos con los políticos del Fredemo, etc, todo saldría a la luz. Allí estaban descritos con pelos y señales los malos hábitos de la politiquería criolla. El escritor, fiel a sus demonios, los había puesto en evidencia frente a la opinión pública. Había ventilado sus triquiñuelas políticas, sus ardides de políticos de segunda clase y sus verdades de medio pelo. En suma, los había desnudado en su pobreza y miseria moral.

III

Los críticos del pez

El primero que salió a replicar al escritor fue Enrique Chirinos Soto. Tocado por su pluma, publicó un largo artículo en El Comercio, en el que buscó inicialmente coincidir, para bajar el tono del asunto, con Vargas Llosa, respecto a sus preferencias literarias por Rubén Darío
[2]. Aturdido por la bombarda que le había caído al leer El pez en el agua –y ver cómo había sido descrito por el escritor en las reuniones del Fredemo, despertándose de su geológico sopor–, Chirinos se apresuró en desenfundar lo mejor de su exquisita prosa para desmentir la especie. Posteriormente aparecieron otras supuestas víctimas de la pluma vargasllosiana, entre ellas, Héctor Cornejo Chávez, el más bilioso de todos. Retirado de la política domestica, y casi olvidado por la opinión pública, Cornejo publicó un par de artículos donde arrojó todo su odio a Vargas Llosa y de paso resaltar las cualidades políticas de su adversario electoral, el “Chinito” Fujimori, quien lo había derrotado dos años y medio atrás[3]. Tanta era su ira acumulada que, sin medirse, repitió el mismo agravió que el general Luis Cisneros Vizquerra difundió contra el escritor, cuando se publicó La ciudad y los perros: que había sido dado de baja del Colegio Militar Leoncio Prado por homosexual. “¿Qué cosa tan horrenda debe haberle ocurrido en el Colegio Militar Leoncio Prado –escribió– donde, según se nos dice, estudió.... o lo estudiaron a fondo, para que odie de esa manera al país que lo vio nacer....?”[4]. Toda una bajeza, solo superada por Hernando de Soto cuando en “Panorama”, el programa político más sintonizado de la televisión peruana de aquel entonces, lanzó un sonoro “hijo de puta”, en represalia por haberlo retratado en El pez en el agua como un amanerado. El escritor no respondió ni ésta ni la otra la injuria. Un displicente silencio acompañó sus pensamientos.

IV

Diecisiete años después

Han pasado diecisiete años desde que salió publicado El pez en el agua de Vargas Llosa y durante ese tiempo le han salido al frente infinidad de artículos; unos para alabarlo y otros para reprocharlo acremente. La crítica más frecuente ha sido la de que el escritor era un resentido y hablaba mal del Perú. Sin embargo, el polvo ha cubierto las líneas de sus detractores y El Pez en el agua se ha erigido como uno de los libros más importantes que todo peruano debe leer para entender la idiosincracia de los peruanos, al nivel –tal vez nos excedemos en la apreciación– de los 7 ensayos de Mariátegui y El Perú, un país adolescente de Luis Alberto Sánchez. Solo ha aparecido un crítico en estos años que ha tenido una lectura aguda, pero en ciertos pasajes arbitraria, del libro. Nos referimos a Herbert Morote y su VargasLlosa, tal cual (Jaime Campodónico/Editor, 1998) de lejos el único trabajo orgánico de respuesta a lo escrito por Vargas Llosa en sus memorias. El otro es el de Rafael Romero, Respuesta a Vargas Llosa (Editorial Juan Silva Santisteban, 2000), pero, a diferencia de Morote que ha cuestionado detalles de la vida personal del escritor, éste ha preferido refutar las ideas políticas de Vargas Llosa, tomando algunas citas de El Pez. Podría incluirse en esta corta lista el libro de Jeff Daeschner, La guerra del fin de la democracia (Peru Reporting, 1993), con la salvedad de que por aquel entonces este joven periodista utilizó párrafos de las memorias de Vargas Llosa, publicadas en calidad de adelanto para una revista, para hacer su análisis político del escritor. De lo anterior, se desprende que hace falta una lectura desapasionada de El pez en el agua. Una lectura que permita a los peruanos del futuro entender las claves del por qué un escritor peruano, en el mejor de sus momentos, decide intervenir en la política nacional, y que, al mismo tiempo, sirva para comprender mejor esta parte de nuestra historia republicana

Freddy Molina Casusol
Lima, 7 de agosto de 2010


[1] Ver entrevista en dos partes a Vargas Llosa, publicada en Diario uno los días 15 y 16 de noviembre de 1992.
[2] Ver “El pez fuera del agua”, Enrique Chirinos Soto. En El Comercio, martes 11 de mayo de 1993, A2.
[3] Ver “Y el chinito lo derrotó”, Héctor Cornejo Chávez. En La República, domingo 9 de mayo de 1993, p. 10; y “¿Qué hay detrás de la sonrisa...?”, Héctor Cornejo Chávez, en La República, domingo 16 de mayo de 1993, p. 10.
[4] Ver “Y el chinito lo derrotó”, Cornejo.

viernes, 23 de julio de 2010

UNA CENSURA INACEPTABLE

ME HE ENTERADO –con un atraso de casi 2 años– que el afiche del film Diario de una ninfómana –basado en el libro del mismo nombre de Valerie Tasso– ha sido censurado en los autobuses de Madrid. ¿Y por qué? Por mostrar el vientre y los muslos de una chica en bragas –así llaman en España, donde ha ocurrido el hecho, a esta prenda inferior femenina–. Esto ha escandalizado a los censores, quienes pretextando que en el afiche no se podía leer la advertencia –según informa el diario El País– de que el film no era apto para menores de 13 años, han dificultado su divulgación. Si eso esto pasando allá, en Europa, donde ya se creía superadas las barreras de la homofobia y ya se permite las uniones gays, como será acá que todavía estamos empezando a discutir el tema. Esto que ha ocurrido en la península ibérica no ha merecido ningún comentario de las defensoras locales de los derechos sexuales de las mujeres. ¿No era que hablábamos de la liberación femenina? ¿No era que la mujer es dueña de su cuerpo y puede hacer lo quiera con él? ¿O es que la prostitución todavía debe ser perseguida, estigmatizada, anatemizada de por vida? ¿No se había avanzado ya en el tema? ¿O es que aún se piensa –arcaicamente– que el film forma parte de una visión masculina del mundo, coludida con la explotación de la mujer a través del sexo? Belén Fabra, la actriz del film, tiene razón al decir que la película ha sido hecha “estéticamente, sin caer en la vulgaridad”. Eso es cierto. Tuve la oportunidad, como muchos tantos, de verla en una versión pirata, y puedo afirmar, sin caer en la hipérbole, que es una película muy bien lograda, cuidadosa en el manejo de las imágenes y nada ofensiva con la condición de la mujer; por el contrario, trata de su liberación, de una búsqueda existencial que ha tenido como vehículo el sexo. Que gentes allá en España –quizás algún rezago del franquismo decimonónico– donde se ha visto películas sin escandalizarse como Historia de O, Emmanuelle, El Imperio de los sentidos y otras tantas como, por ejemplo, las de Tinto Bras, se escarapelen por un afiche –que eso sí tiene mucha carga erótica al aparecer la mano de la chica tocándose el pubis, pero que en ningún caso es mostrada de manera grotesca– debe ser motivo de alerta: dice que hay conservadores camuflados en la industria cinematográfica, listos a decir lo que deben ver los espectadores. Una forma de dictadura visual que se debe impedir en nombre de la libertad. Algo simplemente inaceptable.

Freddy Molina Casusol
Lima, 23 de julio de 2010

Ver más:
http://www.elpais.com/articulo/espana/Diario/ninfomana/estara/marquesinas/elpepuesp/20081014elpepunac_17/Tes

miércoles, 30 de junio de 2010

LOS DIARIOS PROHIBIDOS DE ANAÏS NIN

LLEGARON A SER todo un escándalo cuando fueron publicados. En vida ella había prohibido que se difundieran sin expurgar debido a que sus protagonistas todavía seguían vivos. Los diarios de Anaïs Nin (1903-1977) causaron mucho revuelo en su momento porque en ellos su autora confiesa, entre otras cosas, la relación incestuosa que tuvo con su padre, a quien convierte en su amante, para después dejarlo del mismo modo como él las abandonó a ella y a su madre (Ver el diario fechado el 23 de junio de 1933). Anaïs Nin escribe estas páginas de su vida íntima con el pecho abierto y mostrando su interior. El punto de vista femenino que utiliza para describir sus encuentros amorosos con sus amantes, desnuda y erotiza el vuelo de sus palabras. Nin describe la relaciones íntimas con su padre con mucho de esa carga, la misma que utiliza para retratar sus encuentros con June, la esposa del escritor Henry Miller, quien la inicia en el sexo lésbico.
Por Miller, Nin siente una obsesión, una cierta curiosidad. Reconoce en él a un ser egoísta y brutal, pero también al artista que entiende, como ella, la literatura como un medio de liberación: Je vois ses livres, sa gentillese, Henry explosif, dangereux, je nous vois tous deux en Espagne –des images brouillées, déformées, magnifiées par ce grand démon qui nous gouverne tous les deux, le demon de la litterature–.
Anaïs Nin, de otro lado, se movía en un ambiente pacato y conservador, el de los años 30, por lo que tuvo que vencer muchos prejuicios de la época. Rendida admiradora de D.H. Lawrence –a quien dedicó un ensayo–, Nin no tuvo el reparo de explorar las variadas formas del amor. Practicó el heterosexual con su esposo Hugo, experimentó con Miller (mientras éste concluía Trópico de Cáncer) y disfrutó el lésbico con June. Su psicoanalista Otto Rank tampoco escapó a esta lista.
Esta edición de los diarios de Anaïs Nin, mejor dicho el volumen titulado Inceste (Edition Stock, 1995, 1996. Versión francesa, sin expurgar), que tenemos en nuestras manos, describe estas relaciones clandestinas. A pesar que la barrera del idioma pueda ser una limitante, el mero hecho de trasladar de una lengua a otra sus contenidos, convierte su lectura en un hecho excitante, sobre todo cuando, a fuerza de rasgar las vestiduras de las palabras, empiezan a aparecer los pasajes íntimos, aquellos donde lo prohibido en Anaïs Nin incita la mente del lector y estimula su imaginación.

Freddy Molina Casusol
Lima, 30 de junio de 2010

miércoles, 23 de junio de 2010

SENDERO SE PASEA EN SAN MARCOS

Durante la última semana la opinión pública, a través de los medios de comunicación, se ha visto sorprendida con la presencia de Sendero Luminoso en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Conferencias del abogado de Abimael Guzmán y marchas dentro del campus universitario solicitando la liberación de éste, a vista y paciencia de las autoridades, han colmado la paciencia del gobierno que ha salido a decir que ingresará manu militari a los claustros universitarios.

La última vez que se vio desfilando a Sendero en San Marcos, debe haber sido a finales de los ochenta. Por esas fechas los seguidores de Guzmán organizaban concurridos actos de conmemoración en el llamado Bosquecito de Letras. Precisamente en este lugar, hace 22 años, montaron un estrado y extendieron una gigantesca banderola roja al costado del pabellón de Economía, para celebrar el Día de la Heroicidad, fecha señalada en su efemérides para recordar la matanza en los penales de El Frontón y Lurigancho, sin que autoridad alguna osara detenerlos.

Algunas voces dentro de la comunidad universitaria han señalado que se está exagerando y que los senderistas allí filmados marchando por los pabellones de Sociales y Letras –al cual los propios estudiantes impidieron ingresar– no pasan de 30 o 50 pero no más de 80. La cifra no es lo importante, lo que importa saber es quién permitió dicha marcha, sobre todo cuando durante años la universidad ha tenido que cargar con el sambenito de “terrorista”, adjetivo con el cual era calificada.

Sendero, por otra parte, tiene el derecho de reintegrarse a la vida democrática, siempre y cuando abjure de su ideología violentista y pida perdón por el daño hecho a miles de familias por su actuar manchado de sangre. Creer que lo más saludable es impedir que participe en elecciones nacionales, regionales o vecinales, es confinarlos al ostracismo y que vuelvan a lo anterior. Hay que recordar que ex guerrilleros del Movimiento M-19 en Colombia se reintegraron a la vida política de su país e incluso participaron en comicios electorales.

Que Sendero utilice el campus de la universidad para hacer labor proselitista a favor de la liberación de su líder preso, es censurable. Pero más censurable es la negligencia de las autoridades –encargadas de velar por su buen funcionamiento– que no han tomado las medidas necesarias para poner freno a este tipo de manifestaciones que tanto daño hacen a su imagen.

San Marcos, como toda universidad que se precie en fomentar el debate de ideas, debe observar bien a quien abre sus puertas. No todos los que se acercan a ella creen en las virtudes de la democracia para resolver las diferencias. Existen todavía expresiones políticas como las de Sendero –que no se han redimido todavía con la sociedad– que la asechan. Su deber es mantenerse alerta para no ser sorprendida en sus nobles intenciones y ser a la luz pública lo que en sus mejores épocas fue: faro de la intelectualidad del país.

Freddy Molina Casusol
Lima, 23 de junio de 2010

Crédito de la foto: http://universidadyviolenciapolitica.blogspot.com/

Sobre San Marcos en los ochenta el lector puede leer "San Marcos en los ochenta. La lección que nunca se olvida" de Mario Munive




lunes, 17 de mayo de 2010

LA PROFESORA TAUZIN Y UN PRÓLOGO PARA EL OLVIDO

LASTIMA QUE una lectura inteligente y detenida de Los ríos profundos de José María Arguedas, se vea afeada con una introducción salpicada de animadversión hacia Mario Vargas Llosa. Isabelle Tauzin, autora de este prólogo –incluido en su libro El otro curso del tiempo (IFEA-Lluvia Editores, 2008)–, siguiendo a un sector de la crítica local, que toma las ideas de Vargas Llosa para justificar su lealtad a una mirada “progresista” del mundo, lo aprovecha para lanzar afirmaciones arbitrarias. Dice, por ejemplo: “Este libro (refiriéndose a La utopía arcaica, ensayo dedicado a la obra de Arguedas) –traducido en el mundo entero–, concitó la repulsa de los especialistas de la obra arguediana”.

Habría que preguntarle a la profesora Tauzin en quiénes concitó repulsa el libro, sino en aquellos que tienen una visión adversa a las ideas liberales del escritor (Tomás Escajadillo fue uno de ellos); pero que peor aún se creen los únicos llamados a interpretar el legado dejado por Arguedas, consistente en múltiples novelas, cuentos y artículos que escribió en vida.

Pero allí no acaba todo. Más adelante, intentando defender a éste de un supuesto ataque vargallosiano, afirma: “La utopía arcaica configura un panfleto parricida y no ha de leerse como aporte científico”. Esto último merece examen.

En primer lugar, Tauzin supone a José María Arguedas como padre literario de Vargas Llosa. La profesora en mención yerra porque si con alguien tendría que cometer parricidio Vargas Llosa no sería con Arguedas, sino con Flaubert (luego con Faulkner, porque a Sartre lo “liquidó” hace muchos años), de quien tomó la idea del narrador omnisciente y ha dedicado un libro, La orgía perpetua.

En segundo lugar, tilda a La utopía arcaica de “panfleto”. Aquí nos eximimos de todo comentario porque lo expresado por Tauzin, al rebajar un ensayo a la categoría de panfleto, lo dice todo.

En tercer lugar, desmereciéndose como pretendida científica social en el sondeo de un texto literario, tacha de antemano las ideas del escritor Vargas Llosa sobre su colega Arguedas (“no ha de leerse como aporte científico”). Les niega toda posibilidad de veracidad, indisponiendo así a los futuros lectores del estudio vargallosiano. Por otra parte, ¿desde cuándo se le debe exigir a un ensayo, género literario caracterizado por lo personal y subjetivo en su composición, objetividad científica?

Continuando, Isabelle Tauzin expresa que Arguedas ha sufrido un “ajusticiamiento” en La utopía arcaica. Tauzin nos quiere tomar desprevenidos y con la guardia baja. Quiere equiparar el ensayo de Vargas Llosa sobre Arguedas, con el sí ajusticiamiento sufrido por éste en la mesa de redonda de 1965 dedicada a Todas las sangres. Todo un despropósito que linda con lo tendencioso.

A la profesora Tauzin, finalmente, hay que leerla con cuidado, sobre todo en sus apreciaciones sobre Vargas Llosa, todas ellas cargadas de animosidad e intolerancia. Lo mejor que se puede hacer, es quedarse con su buen análisis de Los ríos profundos en El otro curso y obviar lo que ha escrito en la introducción. Es para el olvido.

Freddy Molina Casusol
Lima, 17 de mayo de 2010

miércoles, 12 de mayo de 2010

LOS ANIMALES LITERARIOS DE ALONSO RABÍ

Lo compré por la entrevista al escritor Mario Vargas Llosa (hecha al alimón con Jeremías Gamboa). Pero leí todas las demás y pensé que al libro de Alonso Rabí bien se le puede aplicar lo que Vargas Llosa dice sobre José Miguel Oviedo: que está sustentado en un amor por la literatura. No hay una sola esquina de Animales Literarios (Aguilar, 2008) donde no se reconozca esto cuando carea a sus 17 entrevistados. A éstos los ha tratado Rabí con respeto, finura y sensibilidad. A diferencia de otro buen libro de entrevistas, como el de Hildebrandt –Cambio de palabras–, en el que escritores de la talla de Borges aparecen acompañados de políticos como Velasco Alvarado, Rabí ha focalizado su atención solo en literatos, vale decir en novelistas, críticos y poetas que comparecen con él. Rabí ha trabajado con cuidado sus Animales. Con buen tino ha añadido, al comienzo o al final de cada una de las entrevistas, reflexiones sobre sus entrevistados, las cuales, por la tiranía del espacio en las revistas y diarios donde fueron originalmente publicadas, no pudieron ser incluidas. En ellas rezuma el toque poético de su prosa –deudora de la poesía que cultiva y que lo ha llevado a publicar varios poemarios anteriormente–. Por otra parte, el planteamiento de las preguntas y la acertada precisión de las notas a pie de página para informar o ubicar al lector sobre tal o cual libro, o tal o cual contexto, dan cuenta del buen lector que es, fruto de su buena formación literaria. De todas las entrevistas, todas ellas muy interesantes, las hechas a Tomás Eloy Martínez, José Watanabe y Laura Restrepo, a nuestro juicio, revelan cierta osmosis. En éstas se conjugan la levedad de la poesía, la literatura y el periodismo, y el conocimiento a profundidad de la obra literaria de sus entrevistados. Y de todas las preguntas hechas, la que hace a Mario Vargas Llosa –estoy seguro que la ha formulado él y no Jeremías Gamboa–, acerca de la mención amarga de Antonio Cornejo en La Utopía Arcaica (1996), tiene una explicación. Rabí estudió en San Marcos, donde la influencia de Cornejo en la Escuela de Literatura era sentida en sus aulas –aún lo es–. Él se formó con profesores que siguieron la estela señalada por este crítico en libros como Los universos narrativos de José María Arguedas, La formación de la tradición literaria en el Perú y otros sobre literaturas orales y heterogeneidad. Entonces la pregunta tiene un sabor a reclamo, tiene el propósito de reivindicar la imagen del maestro maltratado. Sin embargo, en ella hay una inexactitud. Se presenta el ensayo de Vargas Llosa sobre Arguedas como primera mala referencia del novelista respecto a Cornejo, cuando en realidad ya lo había tratado mal anteriormente en El pez en el agua (1993). Valga la precisión. Finalmente, Alonso Rabí ha dejado un libro para todo buen lector de literatura que quiera conocer un poco más sobre los escritores de cuyos libros guarda secreta admiración.

Freddy Molina Casusol
Lima, 12 de mayo de 2010

viernes, 30 de abril de 2010

CORAZONES DE PAPEL

Este es un libro inusual. Proviene de una materia desdeñada: la prensa de espectáculos. Sus autores, los profesores españoles Alejandro Pizarroso y Julia Rivera, se han remontado a sus orígenes en la historia para estudiarla y, sobre todo, entenderla. Presse du coeur o “Prensa del corazón”, como la conocen en buena parte de Europa, es aquella que se encarga de informar sobre la vida de personajes famosos, actores, cantantes, futbolistas, gente de la alta sociedad. Publicado por Planeta en 1994, no tuvo tiempo de enjuiciar el papel que le cupo a los paparazzis como responsables de la muerte de Lady Diana Spencer, o Lady Di, bautizada así por los hombres de la prensa de espectáculos. Enfocado en el escenario español (esto no es óbice para extender su mirada a otras latitudes como la peruana, que tiene como mordaz exponente a la señora Medina), el estudio de Pizarroso y Rivera examina este género periodístico, a partir de un abordamiento de la curiosidad humana y el chisme. Dicen ambos en las líneas de introducción: “La curiosidad del hombre sobre la vida de sus propias semejantes es insaciable. Para imitarlos o para denostarlos, para envidiarlos o para despreciarlos. En realidad, eso que conocemos como periodismo tiene en buena medida su origen en esta curiosidad”. El lector de este magnífico estudio va a encontrar cómo la curiosidad femenina (no sólo ella sino la masculina también) está relacionada intrínsecamente al nacimiento de la prensa de corazón, en países depositarios de una vasta cultura como Alemania, Francia, Inglaterra e Italia. Esto para que no se crea que es un fenómeno vinculado a países con bajo nivel de instrucción. También aquí podrá conocer la fórmula del éxito internacional de revistas como ¡Hola!, que desde el ámbito ibérico supo extender sus raíces hasta el Reino Unido con Hello!, una publicación derivada de aquella pero dirigida al público anglosajón. Tiene en la segunda parte un minucioso análisis –hasta esa fecha– sobre el tipo de lectores (estratificado en sexo, clase social, edad, nivel de instrucción, entre otros) que consume este tipo de revistas. Corazones de papel es una lectura imprescindible para los estudiantes de comunicaciones que quieran acercarse con seriedad a este fenómeno del periodismo moderno, que es la prensa de espectáculos.

Freddy Molina Casusol
Lima, 30 de abril de 2010

DE TAMALES, HUMITAS Y UN LIBRO

LOS tamales eran infaltables los domingos en mi casa. Mi papá los traía temprano para compartirlos en familia. Siempre. Calientitos, envuelt...