domingo, 14 de mayo de 2017
PERESTROIKA
domingo, 26 de febrero de 2017
LA ‘MISMISIDAD’ DE FERNÁNDEZ RETAMAR
¿POR
QUÉ no pensar América Latina desde su mismisidad? Esa es la propuesta de Fernández
Retamar. ¿Por qué debemos mirarnos desde el espejo del otro? Del europeo,
precisamente. El crítico cubano da un paso adelante y parece preguntarnos: “¿Acaso
desde este continente no hemos sido capaces de recrear esa lengua llegada aquí
con violencia hace más de quinientos años, con obras que han tenido alcance
mundial?”. Y si hemos podido hacer eso, ¿no podemos ser capaces también de generar
corrientes filosóficas con categorías propias que permitan entender nuestro
pensamiento sin tener que estar supeditados al cotejo foráneo? Todas estas
reflexiones surgen de la lectura del libro de Fernández Retamar, Para una teoría de la literatura en
Hispanoamerica. A diferencia de nuestro Riva Agüero, quien creía que
nuestra literatura era un capítulo de la hecha en España, el crítico cubano
sostiene un estado de independencia en la que la literatura de esta parte del
mundo deba ser entendida con conceptos propios.domingo, 19 de febrero de 2017
LEER A BLOOM
domingo, 12 de febrero de 2017
LA POLÉMICA DEL INDIGENISMO
viernes, 11 de noviembre de 2016
NEGOCIACIONES EFICACES

CUANDO empecé a leer este libro pensé cuántos conflictos se hubieran
solucionado si los protagonistas de enfrentamientos sociales o riñas amorosas,
hubieran tenido la oportunidad de leerlo. La gente no sabe dialogar ni
encontrar las salidas adecuadas cuando se topa con un desencuentro en el
trabajo, en el hogar, en la calle. Pinkas Flint –cuyo nombre evoca lejanamente
al del grupo Pink Floyd (y el apellido al del actor Errol Flint)– no tiene la
varita mágica para darle fin a todos, pero trata de encontrar, desde la
negociación, la solución más conveniente.
Flint examina cuadrantes, puntos de vista de los personajes enfrentados, posiciones ventajosas, desventajosas y espacios de acuerdo para arribar a lo que los expertos en su especialidad llaman Batna –acrónimo en inglés de Best Alternative to a Negotiated Agreement (traducido como: La mejor alternativa en un acuerdo de negocios)–. Todos negociamos, todos regateamos a diario, todos pujamos el precio de un producto con la caserita, el chofer de una combi, el vendedor de un libro, todos buscamos sacar ventaja de nuestro contendor siempre y cuando nos permitan hacerlo. Al final llegamos a un acuerdo consensuado, a un justiprecio. Ese es el punto del Batna.
Las salidas basadas en el enfrentamiento son cosa del pasado. Hace quince años o veinte años se hablaba en las universidades que se estaban creando, de la formación de abogados de otra estirpe, que dejaran atrás a los típicos litigantes que se llenaban los bolsillos con el dinero de sus clientes en largos juicios. Por entonces, ya se pensaba en una nueva especie de advocatus que resolviera con inteligencia los conflictos de las empresas. La novedad era el profesional del derecho conciliador. Ese era el futuro en aquel entonces –que ahora es realidad–. De este tipo de abogado habla Flint en una parte de Negociaciones Eficaces (El Comercio, 2001) dedicada a la negociación integrativa.
Esta última y la negociación distributiva son los dos estilos conocidos en un proceso de negociación. Flint apuesta abiertamente por la segunda debido a que integra intereses y deja a un lado los egos.
Una aplicación práctica de Negociaciones Eficaces, si se lo desea ver así, se puede apreciar en Historia de un desafío. TLC. A la conquista de EE.UU. y el mundo, libro del ex ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Ferrero Diez Canseco, jefe del equipo de negociadores peruanos para implementar un Tratado de Libre Comercio con EE.UU. –hoy puesto en duda (como otros similares) por el presidente electo Donald Trump–.
El capítulo VI (“Aspectos culturales de la negociación”) puede empalmar con todo el relato del libro de Ferrero respecto a la importancia de conocer la cultura que impregna a la contraparte en una mesa de negociación. En este caso, el libro de Ferrero es un ejemplo vívido del estilo –no exento de mañas– de negociación norteamericano, a las que sumaron las argucias sacadas debajo de la manga del equipo peruano para llegar a un acuerdo beneficioso –o Batna– de nuestro lado.
El libro de Pinkas Flint examina teóricamente las jugadas de los adversarios en el tablero de ajedrez de los negocios. Es un libro de cabecera, quizás elemental para los conocedores, pero fundamental para quienes carecen de conocimientos teóricos y técnicos sobre el tema.
Freddy Molina Casusol
lunes, 3 de octubre de 2016
EL “CAPITALISMO” DE FERNANDO O.
MI AMIGO Fernando
O. se ha empeñado en estudiar El capital
de Karl Marx. Tamaña empresa no es nada fácil, pues entre los que se reconocen
como marxistas, hay muy pocos que puedan decir: 1) Que lo hayan leído; y 2), Que
lo hayan comprendido. La única vez que yo intenté hacerlo fue cuando estaba en
la universidad. Le pedí prestado a una amiga uno de los gruesos volúmenes de la
edición argentina de Cartago –“expropiada” a su “ex” cuando ambos terminaron–
para escudriñar un punto: la idea de Marx sobre los medios de comunicación que
un profesor, muy alegremente, había interpolado en un texto suyo para intentar
formular una teoría marxista en relación a ellos (¿podían ser los medios de
transporte, vías, o, mejor dicho, los rieles, que aparecían anotados por Marx, contrafuertes
para fundar seriamente una?).lunes, 26 de septiembre de 2016
EL SEÑOR DE LAS COLUMNAS
CUANDO era adolescente me preguntaba quién sería ese señor que escribía en un lenguaje barroco esa columna periodística tan larga y ancha, que veía publicada en El Comercio, en su suplemento de los domingos. “El dardo en la palabra”, decía. Yo no tenía la menor idea que quien escribía con tanta corrección, era toda una autoridad en el idioma. Han pasado más de treinta años desde que vi por primera vez impresas esas columnas, y pienso cuánta diversión y entretenimiento me he perdido todo este tiempo (las dejaba pasar, en verdad). Fernando Lázaro Carreter, así se llamaba el señor de las columnas, es un conocedor de la lengua del Quijote como hay pocos. Entre los nuestros no alcanzan su talla –creo, sin exagerar un ápice– ni Martha Hildebrandt ni Marco Aurelio Denegri –a veces extremado con su purismo idiomático–. Don Fernando, sin duda era de otro lote, un ave de otro vuelo. Ahora que no está, lamentamos su ausencia para poner la pica en Flandes en la redacción de los periodistas. Leer El dardo en la palabra es salir bañado de aguas lustrales. Realmente uno se desasna y se avergüenza de las torpezas cometidas a la hora de perpetrar un párrafo. Cada una de sus entradas, preciosistas, llenas de lucidez, son un premio a la lectura. Lázaro Carreter te jala las orejas sin agraviarte, y sin ese asomo de pedantería lingüística con la que se embadurnan algunos en las aulas. Ejerce la docencia con la simpleza de quien desea compartir lo que sabe. Da gusto leerlo, pero sobre todo releerlo. En este primer volumen –hay un segundo publicado años después–, que reúne la mayor parte de sus columnas periodísticas desde 1975, pone toda su ciencia, todo su arte al servicio de la comunidad idiomática en castellano. ¿La mejor? Difícil elección: todas. Tenga, pues, fino lector, la dicha de probar de tan exquisito manjar. Lo esperan más de 700 páginas, salidas de la mismísima mano del maese Lázaro –al que no se debe confundir con el bíblico–, el señor de las columnas de mi barroca adolescencia.
Freddy Molina Casusol
Lima, 25 de setiembre de 2016
lunes, 19 de septiembre de 2016
AMBELAIN O UNA DISTINTA LECTURA DE LA BIBLIA
lunes, 12 de septiembre de 2016
MARIO BUNGE PERIODISTA
lunes, 5 de septiembre de 2016
“¿QUIERES SER MI AMIGA?”

DOS NIÑAS conversan. Una habla de su patria; la
otra, de la suya. No se conocen. Están a pocos kilómetros de distancia. A un
cuarto de hora. ¿De qué conversan a través de las cartas que se escriben? Del
conflicto que las separa físicamente, el de Israel y Palestina, sus patrias de
origen. Una periodista, Litsa Boudalika, se convierte en la mensajera entre
ambas. Inmersas en su niñez, en sus juegos de infancia, Galit y Mervet perciben
el peligro. La Intifada –guerra de piedras de inspiración religiosa declarada
por Palestina para arrojar a Israel de los territorios que consideran árabes–
las afecta de diverso modo. Galit, en Jerusalén, tiene las comodidades de un
hogar moderno –su hermano, Eyal, tiene una computadora donde juega Atari (un
video juego de la época), y ella puede ir a la piscina–. En cambio, Mervet, en
su pueblo de Dheisheh, juega a los “árabes y los soldados” con sus
amigos, curando ficticiamente a los heridos con trapos viejos y una botella de
agua. Mervet es muy pobre en Palestina. Quiere ser médico cuando sea grande y
curar a la gente sin distinguir raza o religión. Las dos comparten sus
vivencias y fantasías cuando se escriben. A una, Galit, le gusta la serie Dinastía;
y a la otra, Mervet, los dibujos animados de Tom y Jerry la
divierten. Son inocentes frente al conflicto. Pero cada cual tiene la
suficiente noción como para darse cuenta de la gravedad de este. Cada cual en
los poemas que intercambian, reivindican las tierras donde viven. Galit le pide
a Mervet que les diga a los palestinos que no arrojen piedras a los soldados
israelíes que patrullan las zonas ocupadas, que si ella lo dice la van a
escuchar. Mervet, por su parte, se queja en sus cartas de que los soldados
israelíes son unos perros y que los tratan como si fueran burros. No obstante, ellas
se entienden bien y se tratan como buenas amigas a pesar que sus pueblos viven
peleados. A través de sus ojos infantiles podemos conocer las celebraciones del
Sabat y el Ramadán. Viven bajo la sombra de un clima violento, de atentados
contra lugares públicos en Israel y ataques a las comunidades palestinas. Una
vez ocurrió que Galit interrumpió la comunicación con Mervet. Estaba molesta
con ella por el atentado cometido por un palestino contra un autobús en Tel
Aviv. Esto ocasionó que fallecieran dieciséis personas desbarrancadas y
quedaran una gran cantidad de heridos. Mervet trata de calmarla con sabiduría:
“Galit, si preguntas a tus abuelos, te dirán que los árabes y los judíos son
descendientes del mismo profeta, Ibrahim –Abraham, en la Biblia–. Por lo tanto
somos primos. No está bien que los primos se peleen entre sí.” En la anterior
carta, Galit, dolida por la tragedia, le llega a decir: “Después de todo, nada
tengo que temer de ti. Tú no podrías hacerme ningún daño. Eres exactamente como
yo”. Confían una en la otra. Cuando dos años después se conocen en Jerusalen,
Mervet le obsequia a Galit un brazalete con los colores de Palestina que ella
se pone. Galit, por su parte, le entrega una hoja blanca con las banderas de
sus países, como símbolo de la paz. Luego, probablemente, dejaron de
escribirse, absorbidas por la vorágine del conflicto.
Intercalando la correspondencia de Galit Fink y Mervet
Akram Sha’ban con notas periodísticas sobre el conflicto palestino-israelí, Litsa
Boudalika ha hecho un magnífico trabajo de sensibilización en ¿Quieres ser
mi amiga? (Editorial Everest, 1996). Boudalika comprende que no hay nadie
mejor que ellas para informar al mundo acerca de las consecuencias de una
guerra que viene afectando a sus países. Entiende que ellas son el centro de la
noticia y se invisibiliza en el texto. Se limita a ser una simple mediadora y
de ayudarlas a conocerse al final. Hay una ética profesional en su labor.
¿Quieres ser mi amiga? es una clase de historia contemporánea. Pero,
sobre todo, es muy tierno. Hay que leerlo.
Freddy Molina Casusol
Lima, 6 de setiembre de 2016
viernes, 2 de septiembre de 2016
ARGUEDAS Y VARGAS LLOSA VISTOS POR LA CRÍTICA
BASTA ver la
bibliografía al final para saber adonde apunta su crítica. Mabel Moraña –profesora
de la Universidad de Washington–, saca del sombrero a Cornejo Polar, Ángel
Rama, Aníbal Quijano y el sofisticado Pierre Bordieu –con su capital simbólico–
para devaluar a Vargas Llosa y levantar a Arguedas –no sé si en vilo, pero al
menos en hombros–. Moraña, en este libro, bastante bien construido –suponemos
que le ha tomado bastante tiempo edificar esta obra de entomología textual–,
hace lo que otros no hicieron en su momento: una respuesta inteligente, desde
sus parámetros conceptuales –e ideológicos–, a La utopía arcaica de Vargas Llosa. Siguiendo la línea trazada por
Isabelle Tauzin –en el prólogo de su estudio sobre Los ríos profundos– y antes Tomás Escajadillo: la de presentar al
escritor peruano como un extirpador de idolatrías, como una persona que
desconoce las estrategias de modernización del mundo andino reflejadas en la
obra de Arguedas (algo que por cierto Vargas Llosa no tiene por qué necesariamente entender ya que no es su referente –en cambio, sí se da
perfectamente cuenta, para felicidad de sus lectores, que una novela no es un
tratado de sociología–). Pero lo peor en Moraña –para dar cuenta de su
antipatía, hábilmente maquillada de fraseología científico-social– es que saca
a la luz a los adversarios ideológicos de Vargas Llosa para enfrentarlos con él.
Ese es el caso de Lauer, a quien recuerda en su texto a sabiendas de que el
escritor lo coloca en el grupo de “los intelectuales baratos” (Ver El pez en el agua). Moraña se pone
detrás de él para empujarlo como punta de lanza en sus críticas; lo mismo
ocurre (pero en sentido contrario) con Rama, a quien enarbola para enaltecer
las bondades del texto arguediano. Y no se detiene en esto, sino que para
rebajar al escritor peruano lo pone en las mismas condiciones de uno de sus
personajes, el hablador. En el capítulo “La lengua como campo de batalla (II):
el narcisismo de la voz”, escribe: “Vargas Llosa se convierte en ‘hablador’ en
el sentido de charlatán, parlanchín, cuentero o lenguaraz, desplegando una
locuacidad que compite con la elocuencia de su literatura.” (p. 130). Es
notorio que Moraña hace un guiño a quienes les resulta insoportable las
posturas no solo estéticas, sino políticas de Vargas Llosa. Por allí apunta, escribe,
o ausculta, para esa audiencia a la que gratifica con su discurso. Para ella, Arguedas es el bueno y Vargas Llosa,
el malo. Eso está subsumido en su crítica. Prácticamente –aunque no lo dice de
manera explícita porque sería escandaloso– la narrativa de Vargas Llosa debería
confundirse con la de Paulo Coelho o la de la británica E.L. James de Cincuenta sombras de Grey, cuando dice
que esta “se nutre de materiales híbridos donde el elemento regional es
redimensionado a partir de técnicas narrativas que vehiculizan lo local y lo
transforman en mercancía simbólica de consumo masivo” (p. 206). Así en diversas
partes lo condena, no le da pie a nada. A la crítica en cuestión bien le podría
calzar lo que escribió sobre Ángel Rama, quien como él “evalúa comparativamente
la obra de los dos escritores peruanos (Arguedas y Vargas Llosa), inclinándose
notoriamente hacia el autor de Los ríos
profundos…” (p. 217). Por lo menos Rama fue, en su polémica con Vargas
Llosa, honesto en su exposición de motivos, de tal forma que el autor de La ciudad y los perros, reconociendo su
valía, se prestó al cotejo de ideas. Lo mismo no se puede decir de Moraña,
quien en las 314 páginas de su trabajo se empeña en dejar mal parado, desde el
ángulo que sea –literario, político o cultural–, a Vargas Llosa. Si eso es
hacer crítica, uno, justificadamente, puede interrogarse para qué sirve si el
prejuicio ya pesa de antemano. Sería largo enumerar los despistes de la profesora
Moraña. Es suficiente anotar –repitiendo el argumento manido de los enemigos
del escritor peruano– sus menciones al tema de Uchuraccay y de su fallida
candidatura a la presidencia, o el del su “neoliberalismo” –santo y seña de la
izquierda local– (p. 267), para tener una clara idea de sus intenciones. Capturada
por un lenguaje que recuerda el de ciertos intelectuales franceses puestos al
descubierto por Sokal y Bricmont en ImposturasIntelectuales, Moraña trata de impresionar –o sofocar– al lector con la
artificiosa cientificidad de su pretendido aparato teórico. Mejor queda en una
entrevista que, en un portal peruano, por allí le publicaron.DE TAMALES, HUMITAS Y UN LIBRO
LOS tamales eran infaltables los domingos en mi casa. Mi papá los traía temprano para compartirlos en familia. Siempre. Calientitos, envuelt...
-
EN EL CENTRO: Mirando a César Lévano . Foto: Ernesto Jiménez Por: Freddy Molina Casusol LOS OCHENTA en San Marcos estuvieron dividi...
-
FUE PINTADO en los años ochenta cuando los grupos de izquierda en San Marcos tenían la hegemonía política en el campus universitario. Exacta...




